Lo abyecto corresponde al límite de la experiencia, límite al cual nos podemos acercar sin ni si quiera tocar. Lo abyecto carece de forma y por lo tanto es no-identificable porque se encuentra en el lugar donde las conciencia y el sentido no pueden llegar. Se encuentra ahí, en la cercanía, pero no lo podemos asimilar.
Lo abyecto se encuentra en oposición al ser y la existencia. No tiene nombre, lo cual no significa que no existe. Lo abyecto en el filo de la no existencia y la alucinación de una realidad que, si la reconozco, me aniquila. Lo abyecto es, por definición, el signo de un objeto imposible y perdido, una frontera, un límite.
La cultura, ahí donde el la subjetividad individual y el sentido son establecidos, se produce en un proceso de contraste con la carencia de sentido que involucra lo abyecto. Las expresión más prominente de lo abyecto es la presencia del cadáver. La muerte señala el colapso de las fronteras entre lo viviente y lo no viviente. Mientras estamos vivos, nuestros cuerpos están constantemente expulsando deshechos con el objeto de sobrevivir. Cuando estamos muertos todo el cuerpo se convierte en deshechos, en un lugar de rechazo y suciedad.
La experiencia abyecta de la muerte amenaza con destruir la autonomía del sujeto que se entiende así mismo como dador de sentido. Abyecto es la línea donde soportable se vuelve insoportable, donde el sufrimiento se vuelve insufrible. Es el umbral donde el sujeto entra en proceso de desintegración. Un cuerpo sin órganos, un plano de inmanencia vacío.
Las prohibiciones sobre conductas y comidas, y que recaen sobre la polución y la suciedad del cuerpo, son las más elementales y arcaicas formas de abyección. Pero que a la vez permiten la creación de identidades estables donde hay una clara delimitación entre lo puro y lo impuro, lo limpio y lo sucio. Las identidades son creadas por medio de la expulsión de aquellas categorías sociales que son consideradas abyectas. El orden social no podría existir sin la definición de ciertos espacios de polución e impureza con los cuales se contrasta y a partir de los cuales se define.
Lo abyecto no puede ser totalmente reprimido a pesar de sus grados exclusión. Lo abyecto constantemente regresa para desconstruir cada construcción, ya sea filosófica, teológica, social o económica. A pesar de los intentes culturales de erradicar lo abyecto, los seres humanos siempre permanecemos vulnerables a sus proceso de transformación de la realidad. Esta vulnerabilidad es una oportunidad para la violencia, la capacidad siempre presente para socavar los fundamentos de la vida cultura in lo abyecto. El terror es seguir la política de lo abyecto.
Lo abyecto se encuentra en oposición al ser y la existencia. No tiene nombre, lo cual no significa que no existe. Lo abyecto en el filo de la no existencia y la alucinación de una realidad que, si la reconozco, me aniquila. Lo abyecto es, por definición, el signo de un objeto imposible y perdido, una frontera, un límite.
La cultura, ahí donde el la subjetividad individual y el sentido son establecidos, se produce en un proceso de contraste con la carencia de sentido que involucra lo abyecto. Las expresión más prominente de lo abyecto es la presencia del cadáver. La muerte señala el colapso de las fronteras entre lo viviente y lo no viviente. Mientras estamos vivos, nuestros cuerpos están constantemente expulsando deshechos con el objeto de sobrevivir. Cuando estamos muertos todo el cuerpo se convierte en deshechos, en un lugar de rechazo y suciedad.
La experiencia abyecta de la muerte amenaza con destruir la autonomía del sujeto que se entiende así mismo como dador de sentido. Abyecto es la línea donde soportable se vuelve insoportable, donde el sufrimiento se vuelve insufrible. Es el umbral donde el sujeto entra en proceso de desintegración. Un cuerpo sin órganos, un plano de inmanencia vacío.
Las prohibiciones sobre conductas y comidas, y que recaen sobre la polución y la suciedad del cuerpo, son las más elementales y arcaicas formas de abyección. Pero que a la vez permiten la creación de identidades estables donde hay una clara delimitación entre lo puro y lo impuro, lo limpio y lo sucio. Las identidades son creadas por medio de la expulsión de aquellas categorías sociales que son consideradas abyectas. El orden social no podría existir sin la definición de ciertos espacios de polución e impureza con los cuales se contrasta y a partir de los cuales se define.
Lo abyecto no puede ser totalmente reprimido a pesar de sus grados exclusión. Lo abyecto constantemente regresa para desconstruir cada construcción, ya sea filosófica, teológica, social o económica. A pesar de los intentes culturales de erradicar lo abyecto, los seres humanos siempre permanecemos vulnerables a sus proceso de transformación de la realidad. Esta vulnerabilidad es una oportunidad para la violencia, la capacidad siempre presente para socavar los fundamentos de la vida cultura in lo abyecto. El terror es seguir la política de lo abyecto.
Kristeva, Julia, Poderes de la Perversión, Buenos Aires, Siglo XXI, 1995. Capítulo I.
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